¡Las Feas Artes atacadas por amantes de los animales!

comedy

Sabéis qué? Cada vez que lanzo un nuevo show de comedia, alguien lo ataca.

Y eso está bien. Significa que estoy haciendo mi trabajo.

No, mi trabajo no es cabrear a la gente. Eso sería bastante pretenciosa. Mi trabajo es hacer un show de comedia.

Esto es lo que hacer comedia significa para mi: hablar en público de lo que me de la gana. Cosas que creo que son graciosas, que espero que serán graciosas al público también. Nada más y nada menos.

Pero como cada cómico, o cualquier artista con integridad sabe, compartir públicamente tus pensamientos significa que llegarán a alguien que tiene pensamientos distintos, o quizás el polo opuesto, a los tuyos. Y a veces no estarán felices con tus pensamientos.

Bueno. Estoy acostumbrada a eso. El propósito de exponer tus pensamientos, tus opiniones, tu ser, es llegar a otros seres humanos. Eso es lo que quieres, y aceptas las reacciones positivas y negativas como el resultado lógico.

A veces la gente se sorprende cuando les digo que, como cómica, que nunca es mi intención cabrear a nadie. “Pero les cabreas!” exclaman. “Deberías querer provocarles, si no, por qué reaccionarían así?”

No sé porque reaccionan así. No es mi trabajo saberlo. Si que sería mi trabajo si trabajara en marketing, o atención al cliente para una empresa grande. Sería mi trabajo si fuera su psicóloga.

Pero eso no es mi trabajo. Mi trabajo es contar chistes, cantar canciones, y crear momentos mágicos.

El simple hecho es que cada artista verdadero es un provocador, que lo sepa o no, que sea su intención o no.

Porque sólo por crear algo y lanzarlo con el mundo, ya estás provocando. Quizás no será tu intención, pero sacar algo que has creado al mundo es provocador por naturaleza, porque su presencia cambia el mundo, aunque sea mínimamente. El mundo ya es algo distinto que lo que era porque has lanzado esa flecha. La gente está viéndolo, y su consciencia se mueve. Pero es movimiento no siempre se manifiesta como alegría o positivismo. A veces la reacción es negativa.

Por ejemplo: hay personas que se cabrean cuando mencionas algún tópico que les provoca. Si tienes un chiste criticando el Vaticano por proteger a los curas pedófilos, alguna gente te acusará de apoyar la pedofilia, o ridiculizar sus víctimas. Si hablas de la ocasión en que descubriste que tu ex-amante había disfrutado vídeos de zoofilia en línea, te acusarán de apoyar el maltrato animal. No escucharán al contexto. No les importa. Simplemente te escuchan sacar el tema, y al no oirte hacer referencia al tópico de la manera que prefieren (“Condeno la porno de zoofilia!” “La pedofilia es un problema serio que reclama muchas víctimas!”), se indignan.

Está bien. Son libres a hacer eso. Pero no es mi problema.

Es su problema.

Una mañana hace un par de semanas, recibí un email de una espectadora que había asistido la velada de Coñólogos la noche anterior. Al ver el encabezado, me di cuenta de que este no era fan mail. (Ojo: cuando ponen un título críptico como “Gag de anoche”, es una buena pista 😉 )

Esta persona estaba indignada por un gag a que me refería arriba: un gag bastante ordinario (pensaba yo) sobre accidentalmente descubriendo la pista pornográfica en línea de un entonces-marido, que incluía pornografía con perros. El gag era bastante sencillo, acabando así: “Qué tiene una perra que no tengo yo? Os digo: 8 tetas más.”

De unos 200 chistes que conté esa noche tratándose del aborto, abuso de niños, abuso sexual de parte de dentistas, homelessness, cunnilingus, masturbación, y blanqueamiento anal… este era el gag que le indignó.

Y eso, damas y caballeros, es la belleza de los seres humanos. Que en una noche cualquiera, en que docenas de chistes llegan a unas 100 personas, nunca cuál cabreará a la mujer en la quinta fila, tercera butaca de la izquierda. O el desconocido de otro continente que se indignó por tu álbum de fotos del show en Facebook.

Son cosas sobre que no tengo ningún control.

A ver: la reacción de esta mujer no era incorrecta. Si el gag le hizo enfadar, pues tiene todo el derecho a enfadarse.

Aquí va el mail entero:

Asunto: Gag en BARTS

Hola Rachel, me parece perfecto que hables de sexo con tal desparpajo y te admiro por ello. Ayer en la sala Barts me reí en algunos momentos. Pero quiero transmitirte mi mas sentido desacuerdo y indignación en tu comentario de mal gusto sobre el tío que se folla una “perra” y que tu marido prefería a esa perra pq tenía siete tetas más. Me parece un comentario de muy mal gusto, FOMENTAR Y REÍRSE DE ABUSO EN ANIMALES? No me izo ni pizca de gracia la verdad. Pq no usas por ejemplo ” ví que mi marido miraba por Internet como se follaban a una niña” oye…..es indefensa igual ke la perra!! Cómo reaccionaría la gente? Me estaba gustando tu espectáculo pero con estos comentarios de animales me dejaron mal gusto.Te propondría que cambiaras el discurso. Al menos en este aspecto. Sin más…..un saludo. No repetiré.

Hmm. Según la autora, al contar la historia de los hábitos pornográficos de mi ex-marido (mi primer ex, de U.S.A., no él de aquí, que quede claro 😉 ), estaba poniéndome al lado del maltrato animal.

¿Perdona?

Y cuando llegó, como todos esos mails inevitablemente llegan, a las lecciones sobre el “buen gusto”… pues allí es donde mi respuesta será un contundente “Que te den, tía”.

De dónde cojones la gente saca la idea que es el trabajo del cómico ponerse una gentil máscara de elegancia, ir con cuidado respecto a los neuroses del público, o mamar al poder? Es la culpa de los cruceros? Los casinos? El Club de la Comedia? (Ese último he oído mucho, de un montón de españoles.)

Además: como cómica, o sea, cómica feminina, recibo esa lección sobre “el buen gusto”. Me pregunto cuántos cómicos, proporcional a las mujeres, lo aguantan. Porque parece que encuentro mucha indignación aburguesada respeto a las palabras y tópicos que elijo conscientemente, después de bastante reflexión.

Un punto no importante pero uno que me hizo gracia: suponiendo que me interesara “cambiar el discurso” para complacer a esa amiga de los animales — que no era el caso — qué incentivo tendría yo para hacerlo, ya que la tía dejaba claro que, de todos modos, no volvería al show, y que no lo recomendaría a nadie? No era muy buena estrategia.

Pero lo que más me chocó de su mensaje no era su reacción al gag. Era la prepotencia. Que no le avergonzaba para nada decir a un artista cómo hacer su arte, con una actitud mandona normalmente reservada para enviar un cincoañero a su habitación.

Lo sé: no todo el mundo considera que la comedia sea arte. Eso es obvio. Rodney Dangerfield podría haber hablado por todos los cómicos cuando dijo que no le dan ningún respeto.

Ahí va la cosa:

Como todo el mundo, he visto cómicos hacer gags que pensaba que eran horribles. Horribles en el sentido de que su mensaje me parecía ofensivo, porque promovía — por lo menos a mi — misoginia, homofobia, racismo, crueldad en general, u otra falta de empatía.

Pero sabés qué hice? Evitaba ver sus actuaciones desde entonces, como una persona evita pedir un plato que no le gustó una vez en un restaurante. O les criticaba en conversaciones con mis amigos. En un par de casos — sólo esos en que habíamos establecido una confianza — me enfrenté con ellos y cuestionaba sus motivos. Y tuvimos una conversación productiva sobre el asunto, porque hubo una confianza y un respeto mutuo.

Pero jamás habría pensado insistir en que censuraran su actuación para complacerme, o a otros que pensaban como yo. De hecho, semejante ofensa a menudo acaba inspirando a otros cómicos a escribir sus propios gags, atacando tales actitudes.

Y ¿eso no es mejor que intentar hacer callar a todo el mundo?

Volviendo a mi Consumidora de Comedia Disgustada:

Le escribí, dándole las gracias por su email. Expresé remordimiento de no haber contestado su mail más rápidamente…. pero que estaba liada toda la mañana, follando con chihuahas.

Es broma. Le dije que en la próxima actuación, después de terminar el gag en cuestión, leería su mail al público. Y le di las gracias por contribuir nuevo material al show.

La siguiente mañana, recibí otro mail de otra mujer, quejándose del mismo gag. Esto más sabroso aún, por el dramatismo de haberse tomado la decisión de salir de casa, gastar 10 euros y encontrar un gag que no le gustó… más las lecciones prepotentes sobre la fina línea entre el buen y mal gusto… más la suposición que a una artista le importa un carajo lo que está de moda… más el tono autoritario de monja maestra de escuela dominical.

Bon dia

Uno de mis grandes placeres en la vida es ir al teatro. A veces a reír, a veces a llorar y siempre a pensar, y de alguna manera, aprender. Admiro profundamente a las valientes personas que me hacen disfrutar de un buen rato compartiendo su talento.

Lamentablemente esta satisfacción no la he encontrado en su espectáculo.

Lamento haber invertido parte de mi tiempo y de mi dinero en una obra donde se hace alusión en forma de burla fácil al repulsivo y vergonzoso maltrato y abuso animal.

Señorita, esto ya no está de moda.

Le invito a que se informe y reflexione sobre el tema al que usted se refiere en su guión, el cine porno con animales. Me ha parecido muy ofensivo y de muy mal gusto. Son temas que se tienen que eliminar, y no hacer broma de ello.

La línea es muy fina entre el humor negro y el humor de mal gusto.

Me despido sin más, no pudiendo recomendar su espectáculo. Recomiendo que no asistan, porque sé que no les va a gustar.

Un saludo

Rezaba que estas dos mujeres fueran amigas y habían venido juntas al show. Porque si no… el fin del mundo está cerca.

Pero joder: la semana después, cómo se reía el público con sus emails.