La primera vez que intenté escuchar flamenco

La primera vez que escuché flamenco – pero realmente intenté escucharlo —  estaba en la playa, sola, con mi móvil y auriculares puestos. Pensé, “Bueno, vivo en España, debería intentar escuchar flamenco.” Era una de esas cosas que me decía una vez al año, uno de esos quehaceres que te pones para ser mejor persona. Claro que había oído flamenco en alguna ocasión, pero como música de fondo, y no prestaba atención. Además, aquí en Cataluña el flamenco no es particularmente popular y no se oye tanto como en otras partes del país.

Entonces, ese día en la playa, puse uno de los discos de Camarón de la Isla con Paco de Lucía. Sonó una canción por bulerías.

Pero… pero qué es esto?? No entiendo la letra. Qué está diciendo? Qué rápido va! A ver, qué hace el ritmo? No lo entiendo. Qué tonos más extraños! Cómo puede hacer eso con la voz? Cuándo diablos respira?  Por qué cojones no puedo reproducir el ritmo?

Tengo formación musical. Soy pianista. No soy particularmente hábil ni talentuda, pero me considero tener musicalidad. Entonces fue extremadamente perturbador poner esta música, este flamenco, y no poder pillar absolutamente nada. Era como intentar escalar una pared de vidrio.

No es que no me gustaba. No era una cuestión de gustos. Lo que escuché me asustó. Entre los ritmos, la velocidad, los malabarismos de la voz de Camarón, los dibujos de la guitarra de Lucía, sentía que estaba a punto de tener un brote psicótico. Literalmente, me voló el cerebro.

Puse “stop” y pasaron meses hasta que me atreví a escucharlo de nuevo.