Legal versus ilegal en Barcelona

IMG_5074

En Barcelona, una ciudad que, como la mayoría de España, se está sufriendo una profunda crisis económica, hay códigos estríctos gobernando lo que un negocio privado puede y no puede exponer en la acera en frente de su establecimiento. Siendo Barcelona, estos códigos parecen ser ejecutados de una manera selectiva, dependiendo de qué clase de negocio es (o de quién es), en qué barrio se situa, y otros factores que ignoro.

Cada mes, hago un show de cabaret que se llama “Muérete conmigo” en un auténtico y encantador bar ravaleño que se llama “23 Robadors”. Este íntimo y simpático local ofrece fantásticos espectáculos en directo, desde flamenco a jazz latín y todo en medio, a precios baratísimos (la entrada vale entre 2 y 5 euros), tanto como bebidas y tapas a precios también económicos. Este bar es un negocio modesto del barrio, emplea residentes del barrio — un barrio bastante marginalizado, además — y mantiene una relación amistosa con los comercios menos, digamos, “legítimos” de la calle. En otras palabras, Bar Robadors 23 es un buen vecino en todos los sentidos. Es óbvio que cualquier dinero que gane este bar, tanto como los artistas que actúan allí, es mínimo. Los márgenes de ganancias son muy pequeñas por aquí. Pero lo que contribuye este bar a la ciudad respecto a la cultura, ocio a precios que pueda pagar cualquiera, y buen rollo en general, es sin precio.

Entra el ayuntamiento de Barcelona. Según la norma, es ilegal que Bar Robadors 23 ponga esta pizarrita, de tamaño para niños, que veís en la foto encabecando este post. Es ilegal que la ponga en la acera justo al lado de la puerta de entrada y anuncie qué espectáculo se ofrece esta noche. Comparando el tamaño de esta pizarra para niños al del bidet al lado, que se coma espacio peatonal no puede ser el problema.

Además: si has pasado por la calle Robadors, ya conocerás el entorno. Hablando francamente, conoces la razón por su fama (o mala fama): las prostitutas, los chulos, y otros tipos merodeando por sus esquinas y puertas. Una pizarra para niños apenas llama atención entre semejante fauna. Sin embargo: según la norma, perjudica la calidad de vida en las calles de Barcelona.

No obstante, si paseas por la calle Rosellón en el barrio más pijo del Ensanche Izquierdo, verás ésto:

jalea

Me parece bastante más sobresaliente que una pizarrita para enanos, pero por alguna razón, ésto es aceptable.

¡Barcelona, posa’t guapa!