Pervertido en la calle Princesa

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Siempre me han fascinado los desviados sexuales; en concreto, los exhibicionistas. Qué ganan de su comportamiento tan antisocial? Bueno, es obvio lo que ganan: excitación y sin duda un subidón de poder al ver cómo pueden chocar a sus víctimas, inspirándoles asco, miedo, rabia… pero cómo han acabado siendo así? Les pasó algo en la vida? Cómo funcionan sus cerebros? Se sienten avergonzados después, o orgullosos? Me parece una manera a la vez delirante y patética de “triunfar”, pero olé la diversidad de la especie.

Cuando tenía 16 años, estaba en camino a la casa de mi abuela — sí, es verdad, justo como Caperucita Roja — cuando topé con un hombre que sacó su pito justo cuando pasé por en frente. De verdad fue una experiencia alarmante, ya que estaba en una vía peatonal, estrecha y cerrada que tenía un bosque a cada lado. Era una ratonera. Justo la clase de lugar en que se secuestran chicas adolescentes y luego descubran sus cadáveres desnudas semanas después.

Iba en bici (gracias a Dios) y lo vi venir mientras me acercaba a un tipo que iba solo, en tejanos y con chaqueta de tejano, con pelo rubio y con gafas de sol de espejo. Le vi dirigirse hacia mi mientras me acercaba, con las manos en el cinturón… y justo antes de pasarle, bajó el pantalón y reveló su pene. No recuerdo si era erecto o no. Iba rápido.

Al verlo, me entró una furia. Me sentí violada. Giré la cabeza y le grité insultos. “Fuck you, asshole!!!” Me gritó insultos también. “Shut up, cunt!” Ahh, America.

Pedaleaba a toda hostia hasta llegar a la casa de mi abuela. Allí estaba esperándome, junto con mi madre. Les conté lo que acabó de pasar y me llevaron a la comisaría de policía. Los polis me mostraron una fila de 4 o 5 hombres, recién arrestados, detrás de un espejo transparente de vigilancia. Nadie se parecía a mi acosador. Volví a casa decepcionada. Quería que saliera como en las series de crimen, que reconociera el criminal y que el peso de la ley le cayera encima. Meses en la prisión. Qué puedo decir? Soy Usana. Nos obsesiona la justicia.

Esa fue mi primera experiencia con un pervertido en mi camino pero desde luego no fue la última. Anoche experimenté, junto a mis amigas hermanas, el ataque de bragueta abierta más divertido de mi vida. Será porque estaba de juerga, acompañada por mis queridas amigas, en un barrio divertido del centro de Barcelona, todas de buen humor y con iPhones listos en las manos, que todo salió tan… simpático.

Todos disfrutaron el momento; sobre todo, claro, el Pervertido de la Calle Princesa, que ya me entero por los varios comentarios en Instagram, es bastante famoso por la Ciudad Condal. Era un crimen sin víctima. Y le dimos su momento de triunfo no sólo con nuestra reacción horrorizada, pero también que lo filmamos; él, en cambio, nos dio estos videos tan divertidos. Así que todos contentos. Los cicatrices de mi primer encuentro con el pervertido escalofriante Jeffrey Dahmereño en el camino de bicis en Milwaukee, Wisconsin quedan curados. Life is beautiful.

(Aquí va la versión censurada porque la imagen realmente es una de esas que no se puede des-ver una vez vista; si queréis ver la original en toda su gloria, pinchad aquí, guarros.)

[Y también The Making Of, porque somos verdaderas cineastas, con todas las pretensions acompañantes:]

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