Rachel 1, Flos Mariae 0

Bueno, ayer me llegó el mail esperado de YouTube, referente a la censura de mi video parodiando al grupo Flos Mariae:

De acuerdo con lo estipulado en la ley estadounidense de protección de los derechos de autor (Digital Millennium Copyright Act, DMCA), hemos terminado de procesar tu contranotificación relativa a estos vídeos:

[Enlace]

Hemos restablecido el contenido a no ser que lo hayas eliminado. No impondremos ninguna penalización a tu cuenta.

Atentamente,

El equipo de derechos de autor de YouTube

Estoy feliz, claro, de que han restaurado mi video. Más importante, estoy contenta de que, por lo menos en este caso, el derecho a expresarse ha vencido el impulso rancio y retrógrado a reprimir cualquier expresión que no guste.

Porque está claro: la razón detrás de poner la querella contra mi parodia de Flos Mariae no tenía nada que ver con derechos de autor. Era la razón que decidió citar el representante de Flos Mariae. Tuvo que poner alguna razón porque YouTube no provee “no me gusta” o “me ofende” como una justificación adecuada de borrar las expresiones de los demás.

“No me gusta” o “me ofende” son razones legítimas para la censura en países como China, Turquía o España hace 50 años. Pero aquí, ahora, no.

Y eso es importante. Un pequeño video tonto de una persona ordinaria en pelotas en sí no lo es. Pero lo que representa el hecho que esa gente no ha podido censurar o castigar a otros por ejercer su libertad de expresarse, es importante.

Es cada vez más importante en una España que va cada vez más atrás, hacia el autoritarismo, la imposición religiosa y la vulneración de derechos de mujeres, gays, y transgéneros. Tanta gente de este país está hasta el cuello con este gobierno derechista que no para de hacer otra concesión tras otra hacia la ultra-derecha religiosa mientras ignorando los problemas reales que están hundiéndonos.

Todo el mundo rió con la parodia de Buenafuente en su programa de tele. Seguían riendo a Flos Mariae cuando, en una demostración de absoluta ignorancia sobre cómo mejor llevar ser ridiculizados en los medios masivos, comunicaron lo que, en mi opinión, era una amenaza velada a Buenafuente. En sus palabras:

Señor, aunque sabemos que su programación es de temática humorística, queremos recordarle, como está expuesto en la reseña de la información de cada miembro del grupo musical Flos Mariae, que en dicho grupo hay menores, menores cuales bromas que han derramado sobre el grupo les ha influido en sus relaciones de estudio. Por favor, no sabemos si es usted padre, pero teniendo el talento que tiene, ¡que lo tiene!, puede muy bien ponerse en el lugar de una menor a la que le han hecho ya comentarios en cuatro programas suyos, en una semana. ¿Qué piensa hacer sobre el daño que ha causado?

Muy bien usar la edad de esas pobres chicas como escudo contra su propia responsabilidad de colocarles en la posición de ridículo universal en que ahora se encuentran. La respuesta de Buenafuente — “Si no les gusta cómo los medios estamos tratando los vídeos, siempre los pueden quitar” — le dio en el clavo. Señalaba quién tiene la responsabilidad por los “daños causados”: Flos Mariae. O — más acertado, si se trata de menores de edad — los que las llevan.

Pero caray, esa última frase. “¿Qué piensa hacer sobre el daño que ha causado?” Qué piensa hacer? Qué tendría que hacer Buenafuente? Ingresarse en la cárcel durante 30 días como penitencia? Firmar un documento jurando que jamás se meterá con grupos de chicas católicas musicalmente discapacitadas? La pandilla Flos no entiende más mínimamente lo que es vivir en un país libre? Bueno, eso no debe soprender. Hay mucha gente que no lo entiende, incluso en países más liberales que éste. Por eso los artistas, humoristas, y autores tenemos que seguir haciendo lo que hacemos. Sigamos expresándonos con un par de huevos, porque eso es justamente lo que España libre y moderna necesita.

Ah, claro, y alguien que sepa arreglar la mierda de economía. Pero eso es otro asunto.

Como mínimo, que encima no nos tapemos la boca.

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