El Sueño Americano y Huracán Harvey

sueño americano hurricane harvey

160 kilómetros alrededor de Houston, los pueblos están bajo agua. No se sabe todavía cuántos han muerto. Los que han muerto, han muerto de una forma terrible: ahogados, electrocutados, de hambre, de sed, de estrés o angustia, de falta de asistencia sanitaria para sus problemas médicos. Todos muertos innecesarios, porque todo eso podría haber sido evitado en un país realmente del 1r mundo, que actuara en consonancia con las demás democracias modernas, que no sacrificara a sus ciudadanos al capitalismo descontrolado, que nunca habría dejado que un Trump llegara a ser líder.

Sería imposible que eso pasara en un país racional, que creyera en la ciencia y no en las supersticiones, que tuviera los valores de enfrentar el cambio climático en vez de negarlo, de montar una infraestructura adecuada para proteger las regiones susceptibles a inundaciones o cualquier otro desastre natural.

Eso nunca pasaría en un país que valorara a sus ciudadanos. Y nunca pasaría a una ciudadanía que valorara a sus vecinos, al otro que vive al lado.

Pero ha pasado. Ya ha pasado demasiadas veces, y continuará pasar, porque desde hace tiempo, los Estados Unidos es un país sonámbulo, hipnotizado por sus propias fantasías, incapaz de ver lo que hay en frente. Incapaz de ver lo que ven los demás.

Es un país prisionero de su propia mitología que se cuenta a sí mismo sin parar, como el catecismo. La historia a que me refiero es el Sueño Americano.

Todos hemos oído del “sueño americano”, da igual de qué país somos. Generalmente, se entiende como una esperanza en un éxito vago, en el certidumbre de que, un día — da igual de las circunstancias de tu inicio, el color de tu piel, las traumas que has vivido o el ambiente que te rodea — como el resultado justo y lógico de tus esfuerzos, triunfarás. (En esa cultura, “triunfar” normalmente equivale “ser rico”.)

Lo desgloso un poco más. Si naces en los EEUU, oyes constantemente desde pequeña, de una forma u otra, que

  • “América” (el egocéntrico término con el que los estadounidenses se refieren a ellos mismos, como si los países de Sudamérica o Centroamérica no existiesen) es el mejor país del mundo, el ejemplo para los demás seguir,
  • Todos pueden triunfar, si solamente creen en sí mismos y “trabajan duro” (traducción: dejarse se explotados),
  • Tú eres especial, más importante que el colectivo, que apenas merece la atención de nadie,
  • Puedes llegar a ser Presidente.

Aunque hoy, este último punto parece ser comprobadísimo — podría una persona más baja y limitada llegar a ocupar la Casa Blanca? — la verdad es que todas esas declaraciones son falsas. Pero son únicamente estadounidenses, y tienen una función importante. Como las historias de la Biblia, son mitos que alimentan el pueblo, que les dan un sentido de quienes son, qué lugar ocupan en el mundo, qué es la realidad.

Más importante — les mantienen complacientes con la realidad tal y como está. Igual que el Mas allá, el sueño americano reconforta a una ciudadanía de un país en declive y les da permiso a ser ignorantes y pasivos. Les asegura que todo saldrá bien, que el futuro será mejor que el presente, y que su destino está en sus propios manos y no vulnerable a circunstancias fuera de su control. 

En otras palabras: es un lavado de cerebro. Y, como era de esperar, sus víctimas ni están conscientes de él.  Así que las cosas siguen como son, sin corrección.

Y así es como salen en las portadas de los periódicos estadounidenses fotos de la destrucción horrorosa, pueblos enteros bajo agua y ciudadanos — casi todos gordos y hechos polvo — caminando por agua hasta la cintura, sus hogares destruidos. Al lado de los reportajes principales sobre la destrucción en sí — con poquísimas palabras dedicadas al cambio climático, la infraestructura tercermundista o el disfuncional liderato del país — hay historias conmovedoras sobre los individuos heroicos que se arriesgan la vida para rescatar a otros, o sobre los damnificados que aguantan estoicamente la pérdida de su vida tal y como la conocen, nunca denunciando las causas de todo esto. Sino, dan las gracias a los servicios de rescate con una sonrisa que enseña todos los dientes de la misma manera que uno agradece a la camarera que le de buen servicio.

Muchos darán las gracias a Dios, aunque ese mismo Dios haya destruido su casa, se ha llevado todas sus pertenencias y ha matado al vecindario. Se considerarán “blessed” por haberse escapado con sus vidas. Por ignorar cómo viven la gente en los otros países modernos y democráticos, no se considerarán desgraciados por haber nacido en un país que no considera como derechos humanos la sanidad, un trabajo con un sueldo decente, la formación gratuita y universal, y un medioambiente limpio. No lamentarán que viven en un país en el que, cada día, hay — por lo menos(!) — un asesinato en masa efectuado con armas de fuego.

No se consternarán que viven en un país que dedica 50% de su presupuesto a las fuerzas armadas para causar destrucción y muerte a gente inocente, y desestabilizar a paises por el mundo. No se indignarán de vivir en un país que, en casi todas las areas donde se mide la calidad de vida, se queda detrás de los demás; ni cuenta entre los primeros 20.

No. En su lugar, se enorgullecerán de su espíritu “sí-que-puedo” y su habilidad de hacerlo todo solo, de trabajar en dos o más trabajos (a menudo, sin beneficios), de sobrevivir de una dieta de comida rápida mientras carecen de un decente y asequible seguro médico, y nunca poder hacer vacaciones mientras su país les falla una y otra vez.

Y cómo son capaces de retorcer la realidad hasta este punto? Por el sueño americano. Si crees que vives en el mejor país del mundo, en el país que tiene a Dios a su lado, pues verás eventos como un huracán, la matanza diaria por pistola (o ametralladora), o la obesidad y diabetes de tus hijos, no como cosas vergonzosas que tienen sus causas, soluciones, y responsables; sino como actos divinos. Son cosas que pasan. Son la mala suerte… quizás provocado por ti mismo, por no rezar bastantes veces o por no ser bastante creyente.

Y después, podrás volver a imaginar el éxito que será tu vida algún día… con sólo un poquito de suerte, con sólo un poquito más de trabajo duro, con las conexiones adecuadas, con un poquito más ingenuidad por tu parte para recortar gastos. Mientras tanto, podrás participar en el pasatiempo únicamente estadounidense de sentirse especial y virtuoso sólo por haber sobrevivido mierda que dejaría a cualquiera del mundo desarrollado boquiabierto con incredulidad e indignación. Ilusión cumplida.

Podéis imaginar eso pasando en España: 160 kilómetros de pueblos inundados, miles de ciudadanos quedándose sin techo, decenas de muertes, los servicios de emergencia colapsados… y la gente tan ancha, business as usual? Podéis imaginar que eso pasara a España (y mucho menos en Catalunya), que la gente no llenara las calles de todas las ciudades, haciendo casoladas, llegando hasta las puertas del Parlamento, reclamando dimisiones, exigiendo cambios inmediatos?

Es imposible imaginar porque este en un país que funciona. Este es un país moderno y racional, con los valores humanos intactos, con las estructuras que protegen esos valores intactos, a pesar de todos los ataques que han sufrido en su historia. Un país imperfecto, sí; con sus problemas, sí… pero en general, un país sano.

Sobre todo, es un país que no existe bajo la influencia de sueños.