Sueños americanos: detrás del telón

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Anoche se finalizó la corta temporada de debuto de mi espectáculo, “Sueños americanos”, en BARTS Club. Estoy muy contenta con los resultados; no podría haber imaginado mejores condiciones en las que debutar este nuevo proyecto, ni un público más receptivo, después de más de un año fuera de los escenarios.

Quiero decir algunas palabras sobre ese show, ya que se ha acabado (para ahora). Me abstenía de comentar sobre el show, la historia detrás de él, cómo lo concebía, etc., porque quería que el público lo viera con una vista fresca y propia, sin ideas preconcebidas; que lo experimentaran de una manera pura y personal.

“Sueños americanos” es una nueva propuesta para mi público, y también para mi. Se trata de dar vida a 4 historias autobiográficas mientras ser fiel al escrito; un guión en el que había trabajado muy duro durante el último año, un año también muy duro — además en castellano, un idioma que sigue representando un desafío para mi… pero un desafío que siempre he abrazado, por gratitud por poder vivir aquí, en este maravilloso país, y no en otro sitio. 

Además de eso, “Sueños americanos” sería el show más sencillo y espartano que había hecho: nada de atuendos extravagantes, arrebatos de improvisación, piano o canciones. Aunque soy cómica durante toda la vida, también prescindí de la etiqueta de “comedia”. Tenía una historia que contar, y no quise torcerla a las exigencias del humor, teniendo que sacar risas como sea.

Tampoco iba a proteger a nadie: ni a los que salen en mis historias, ni a la tierra de donde vengo, ni al público de las ideas y sentimientos que comparto, ni a mi misma de las repercusiones psicológicos que suceden al volver a un sitio que has dejado por razones urgentes, y abrir algunas heridas una y otra vez. Con la excepción de las lecturas que hice en la intimísima Llibreria de la lluna en 2016, que pocos vieron porque sólo cabían 14 personas, este sería el show más crudo que he hecho. Sería el más personal, más revelador, más vulnerable.

Mientras iba construyendo “Sueños americanos” — pasando horas en la biblioteca, escribiendo y revisando el guión, añadiendo aquí y quitando allá; memorizándolo mientras caminaba por la calle; y doliéndome a veces por los contenidos de él — podía verlo en su estado puro. Podía sentir su poder. Joder, acababa en lágrimas. Pero también tenía mis dudas, por precisamente lo que acabo de describir en el párrafo anterior. Sería una propuesta tan distinta que todo lo que he hecho anteriormente. Sería capaz de transmitir su sentido a los demás?

Después de las 3 veladas en BARTS, ya sé la respuesta: que sí. Veo que el show ha llegado a los que vinieron a verlo. Lo han sentido. En los momentos adecuados, han reído. En otros, han llorado. Se fueron habiendo experimentado algo nuevo, provocativo y conmovedor. Así que uno de mis peores miedos queda borrado: no sólo no les he defraudado; les he dado más que nunca.

Todo el proceso ha sido grato para mi, tan curativo como doloroso. Sobre todo, estoy contenta de haber transmitido, en cada show, 4 ejemplos de una historia más grande: una historia que no queda aislada en Estados Unidos pero una que tiene sus reflejos por todo este mundo cada vez más interconectado. Una historia que afecta a todos los ciudadanos del mundo, da igual en qué país viven.

Me siento agradecida por esta experiencia. Agradezco a BARTS por apostar por un nuevo proyecto arriesgado; al público que vino con la mente abierta; y a mis seres queridísimos, donde estén, que me han acompañado por todo el proceso, cada uno de su manera, que me han alumbrado el mundo en los momentos más oscuros.