La velocidad del tiempo

Estaba en un bar con mi amigo M., un poli jubilado de New York que huyó de U.S.A. como yo. Estábamos conversando con el camarero, un señor majo de sesenta y pico años que llevaba toda la vida trabajando en ese mismo bar, desde que tenía 15. Hablaba de su relación a los dueños; que eran como familia para él. Reveló que vivía a unas pocas manzanas del bar e iba cada domingo a la iglesia dos calles más abajo del bar. O sea, toda su vida tenía lugar dentro de un perímetro de 1 km. de dónde estaba el bar. Fascinating, y tan distinto de nuestras vidas nómadas.  

Nuestro amigo se puso a hablar sobre el pasaje del tiempo. “La vida pasa en un día”. Chasqueó los dedos. “Así de rápido. Hay que exprimir cada momento!” Y con esa proclamación, se fue a atender a otros clientes.

M. dijo, “Hm. La gente suele decir que la vida pasa muy rápido pero siento que mi vida ha sido muy larga. Siento que he vivido diez vidas distintas.”

“Yo también,” dije. “Me encanta mi vida. Pero cuando me pongo a recordarla, también siente muy larga y absurda.”

“Quizás la vida pasa más rápido,” dijo M., “para la gente que se queda en el mismo sitio.”

“Qué quieres decir?”

“Que si te mueves mucho, si has pasado por muchas experiencias, que la vida acaba pesando más. Que parece pasar más lento. Y si no te mueves, cada día se parece al otro, y la vida parece mover más rápido.”