Una buena chica

Voy caminando a casa después de que han cerrado los bares un sábado por la noche.

Un poco borracha, un poco melancólica. Así es cómo lo llevo últimamente.

Toda Barcelona está un poco borracho y un poco melancólico estos días. La crisis. Las calles del barrio del Raval, siempre llenas de gente de juerga hace pocos años, ahora están vacías excepto los lateros pakistanís y el infrecuente africano con un carro de compra lleno de chatarro.

Llego a la Ronda Sant Antoni paseo por una fila de chavales Pakistanís con paquetes de latas de of Estrella en sus manos.

Parece que no tengo energía para nada esta noche, ni una frase más. Y aunque los lateros son completamente correctos y nada invasivos, ya empiezo a sentir cansancio anticipando pasar por su lado: su aproximación predicible, levantando las cervezas en frente de mi cara. Mi rechazo inevitable.

Estoy cansada. Tan cansada de todo esta noche.

“Cerveza?” dice uno de ellos. Los demás, como si sintiendo mi energía negativa, ni se molestan en intentar.

Todos excepto uno. “Cerveza?” dice.

“No thank you,” digo en inglés, sin pausar en mi camino.

“Good girl,” le oigo susurrar mientras me alejo.